Análisis táctico
Dieciséis años de oscuridad se terminaron. Paraguay vuelve a una Copa del Mundo por primera vez desde aquella histórica campaña de Sudáfrica 2010, y su regreso es el triunfo de la aceptación identitaria: dejar de pretender lo que no se es, y perfeccionar lo que siempre se fue.
Gustavo Alfaro tomó una selección deprimida y edificó un búnker ultraeficiente. A diferencia de otros procesos de experimentación eterna, el técnico argentino llega con las ideas claras y las jerarquías de campo totalmente definidas: Paraguay no propone posesiones infinitas; controla los partidos gestionando el espacio y la frustración del rival.
En un grupo durísimo junto a Estados Unidos, Turquía y Australia no hay margen de error. Con un XI automatizado de memoria, la regularidad estructural es el argumento para asfixiar rivales y certificar el pase a la eliminación directa.
El ancla: Cubas y un mediocampo sin debates
La columna vertebral ya no admite discusión. Andrés Cubas se consolidó como el mediocentro posicional indiscutido: tempo, mordida en el círculo central y la garantía de que el bloque jamás se parte tras pérdida. Su sociedad con Damián Bobadilla libera de tareas de contención extrema a las piezas creativas — todo lo que pasa en la Albirroja pasa primero por su equilibrio.
Enciso, el dueño del carril central
Despejada cualquier duda de los ensayos previos, Julio Enciso es el patrón del ataque. Como enganche o segundo delantero por detrás de Tony Sanabria, le da sentido a la transición guaraní: el esquema muta con naturalidad del 4-4-2 numantino defensivo a un 4-2-3-1 punzante donde Enciso es el eslabón libre que activa el contragolpe.
Atrás, de memoria; arriba, por el aire
La línea defensiva sale sola: Cáceres, Gustavo Gómez, Alderete y Alonso. Los laterales juegan con el freno de mano puesto para blindar las bandas y empujar al rival al centro lateral — exactamente donde las torres de la zaga quieren vivir. El juego aéreo es zona de confort y, a la vez, una de las principales plataformas de despegue ofensivo.
La presión por momentos
Paraguay registra apenas un 35% de posesión, pero es uno de los equipos que más balones recupera en campo contrario. La aparente contradicción es el plan: no presionan alto de forma ininterrumpida, eligen momentos específicos en los que Cubas y Bobadilla saltan en bloque para forzar el error y habilitar las transiciones supersónicas de Almirón y Diego Gómez por fuera.
El veredicto de FutbolScan
Paraguay llega con las certezas que a otros les faltan: la medular anclada en el despliegue de Cubas, la zona de gestación encomendada a la genialidad de Enciso y un libreto que sale de memoria. La única incógnita vive bajo los palos — la experiencia de Gatito Fernández o el relevo generacional de Orlando Gill. Resuelta esa duda, este bloque rústico, solidario y sincronizado tiene argumentos para competir sin complejos y reclamar su boleto a la siguiente fase.
El dueño de la base: lectura privilegiada para las coberturas, corte de líneas de pase y duelos terrestres ganados en serie. Es la razón por la que Paraguay vive seguro en su bloque bajo-medio.
El más determinante del último tercio: inventiva, uno contra uno en espacios reducidos y una pegada letal de media distancia que rompe la rigidez del libreto. Peligro constante también de pelota parada.
Velocidad punta y experiencia al servicio de la transición: la principal vía de escape tras cada robo en campo propio. Conduce a máxima velocidad y se asocia con Enciso por dentro.
Capitán, líder espiritual y pilar del búnker. Su dominio aéreo en ambas áreas es la marca registrada de la casa y le devuelve a la Albirroja su gen competitivo en el balón parado.